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Thursday, January 31, 2019

Brujas, sexo y aquelarres


Se suele representar a la bruja como una mujer sexualmente depravada, que acostumbraba reunirse en aquelarres para desatar sus bajos instintos y cometer crímenes horrendos. ¿Acaso era así? En este programa exploramos los orígenes de esta idea y si correspondía a la realidad.



Monday, January 21, 2019

Aprendiendo sobre brujas y sus mitos

En El Grimorio hemos iniciado con una serie de programas dedicados a los mitos y verdades en torno a la brujería. Las brujas son una parte esencial de Señora del tiempo, por razones obvias, y en este viaje que realizamos en el canal, podemos comprender por qué Catalina se ve enfrentada a tantos prejuicios y falta de comprensión.

Hasta el momento, hay dos programas en este tema. El primero aborda la imagen de la bruja como una mujer malvada:






Y el segundo se pregunta por qué las brujas suelen ser imaginadas como viejas y feas:




¡No dejen de visitarlos!

Sunday, December 30, 2018

Imaginando el futuro


Imaginar el futuro es una tarea que emprendemos todo el tiempo. No importa cuál futuro sea, aun el más cercano y nimio, es un futuro que nos importa: ¿qué vamos a comer en la noche?, ¿qué traje me voy a poner para salir con mi pareja?, ¿iré al supermercado hoy o mañana? Cada instante, cada segundo, nuestra mente calcula sus futuros y decide sus cursos de acción: de esa capacidad de cálculo dependió alguna vez nuestra especie para sobrevivir y en la actualidad, sigue siendo la enseña de nuestra naturaleza.

Sin embargo, el futuro nos llena también de angustia. Porque tenemos miedo de lo desconocido, de lo inesperado, de las amenazas que puedan traer consigo. Siempre ha sido así y no es de extrañar que sea así ahora. Tan importante es para nosotros que hemos aprendido a calcular y calcular, a imaginar qué pasaría si ocurriera esto o qué haríamos si sucediera esto otro. Es el eje sobre el que se basa la especulación, los proyectos y planes, y hasta la literatura.

La ciencia ficción es un género literario que apuesta constantemente por futuros imaginados. Propone una imagen de lo que pueda depararnos nuestras acciones, una imagen que muchas veces resulta atrevida, incluso, intimidante. ¿Por qué? Pues porque la mayor parte del tiempo lo que domina nuestros cálculos de futuro es el temor. Y es que cuando calculamos el futuro no podemos evitar pensar en el pasado: en nuestras experiencias, fallidas o acertadas; en nuestros errores, en nuestras culpas. El pasado es el gran telón de fondo de nuestro futuro y lo sigue siendo a menos que rompamos con él.

Esto no significa que haya que ser lúgubres. Podemos imaginar futuros brillantes, cargados de gloria y éxito. No es preciso augurar solo errores o desaciertos. Y la ciencia ficción se ha atrevido con todo: con los futuros oscuros y también con los claros. Porque en nuestro pasado también hemos brillado, hemos acertado, hemos sabido sortear el peligro. El año 2062 que pinta Señora del tiempo no es un año perfecto ni es una Costa Rica sin errores, pero es mucho más accesible que otros futuros posibles: en ese año vive gente que se preocupa por nuestro bienestar y que es capaz de anticipar el peligro y salvarnos de él.

Y aun así, todos estos futuros son proyecciones. ¿Qué nos espera el 2019? Ya imaginemos un futuro de una forma u otra, siempre será un cálculo, una estimación de nuestra naturaleza precavida y temerosa, una estimación que nos sirve para prevenirnos, para estar seguros. No es preciso convertirla en una ominosa fase de oscuridad, porque también puede ser brillante. El 2019 se nos presenta como un año más, un año en el que habremos de vivir muchas nuevas experiencias y que pueden ser tanto sombrías como hermosas.

Todo dependerá, al final, de cada uno de nosotros.

Tuesday, December 25, 2018

La cara oculta de la Navidad (segunda parte)

¡Hola, felices fiestas! En un nuevo videoblog de El Grimorio, culminamos la segunda parte del programa dedicado a la Navidad y sus símbolos:



Sunday, December 23, 2018

La cara oculta de la Navidad...

¡Hola! Ahora que estamos en Navidad, publicamos en El Grimorio un nuevo videoblog.

Este videoblog es la primera parte de un programa dedicado a la Navidad, a los símbolos navideños y a lo que se esconde detrás de ellos: los significados originales y los valores que se estaban celebrando en sus orígenes.



Friday, December 21, 2018

La celebración del solsticio y nuestra conexión con el sol

¡Hola! Hoy, en El Grimorio, charlamos sobre la tradicional celebración del solsticio de invierno (que este año corresponde al día de hoy, precisamente) y la especial conexión que mantenemos con el sol, conexión que de una manera u otra multitud de culturas y civilizaciones supieron ver o intuir desde hace miles de años:


Tuesday, April 10, 2018

Protagonistas "afro", femeninos o gay en películas y libros: ¿ya no son "minoritarios"?

Es impactante el éxito de Black Panther en el mundo. Ya superó varios récords de taquilla y parece que va por más. Los seguidores de la franquicia de Marvel están encantados de la vida y anticipan una segunda entrega de las aventuras de su pantera negra en próximas fechas, amén de la activa presencia del héroe en la próxima aventura de los Avengers. Ha habido charlas, comentarios, críticas e impresiones sobre la película, sobre su director y específicamente sus personajes y situaciones. Incluso sobre el lugar principal donde tiene lugar la acción (un país imaginario, llamado Wakanda, en África). Después de todo, está rompiendo el cliché de que una película de acción representada por un superhéroe no-blanco, ambientada en un lugar como África, no puede atraer suficiente público para hacerla rentable.

El año pasado, un alboroto similar —aunque no igual— lo representó Wonder Woman de Patty Jenkins. No solo porque marcaba el regreso protagónico de la Mujer Maravilla, después de haber aparecido (como secundaria) en Batman vs. Superman, sino también porque remozaba la idea de la súper-mujer y estaba a cargo de una directora de cine. También causó sensación en crítica y público, y rompió el estereotipo de que una historia de acción cuyo rol protagónico está a cargo de una mujer no podía generar altos réditos. De hecho, se vio “acompañada”, en taquilla, por otra película de acción y aventura protagonizada por una mujer (The Last Jedi), cuya entrega previa (The Force Awakens) ya había llegado a ser parte de las películas más taquilleras de la historia. Y cuenta también con la deseada segunda entrega en ciernes.

El año pasado, esta vez en los Oscars, Moonlight rompió el molde y se hizo merecedora de la estatuilla, a pesar de que contaba la historia de un adolescente gay en su difícil camino hacia la adultez, flanqueado por un entorno violento y riesgoso en muchos sentidos. El personaje gay abandonaba de forma definitiva el estereotipo cómico que había desempeñado en muchos filmes y series de TV y se convertía en centro de un drama humano, sentido como 

universal, a la vez que específico. Ese mismo año, otra película también se destacó en la temporada de premios, a pesar de que narraba la historia de amor entre dos mujeres (Carol): el relato, ambientado en unos rígidos años 50 en los EE.UU. ponía de relieve la terrible situación de una mujer que es despojada de su hijita por la feroz sociedad que le impide amar a otra mujer. Este año, otra película con un tema similar, Call me by your name, el amor entre dos hombres (uno adulto y otro adolescente), también brilló en la temporada de premios.

¿Qué tienen en común estas tres situaciones? ¿La moda de lo marginal? ¿O es de verdad que asistimos a un progresivo cambio en la forma en que conocemos historias cuyos referentes protagónicos no son el clásico hombre blanco heterosexual? ¿Podemos aceptar que las mujeres protagonicen filmes no románticos, que los homosexuales tengan roles principales en historias de amor románticas y que los negros sean mega-superhéroes de franquicias exitosas? A simple vista, parece que es posible, pues el éxito de público de muchas de esas películas subraya la tendencia de que estamos dispuestos a aceptar y a disfrutar películas donde los personajes principales no responden a los mismos rasgos de siempre.

Muchas de esas historias se originaron en patrones establecidos en los libros, naturalmente. La literatura ya ha caminado por los senderos de lo novedoso y lo transgresor desde hace tiempo, con la diferencia de que su proyección no suele ser tan mediática. De hecho, Moonlight, Call me by your name y Carol son adaptaciones: la primera de una pieza teatral y las otras dos de novelas homónimas. Escribir y representar personajes de grupos “minoritarios” (término que entrecomillo porque no creo que las mujeres y la gente no-blanca seamos precisamente “minorías”) ha sido una labor continua y persistente de muchos autores en años pasados y continúa siéndolo hoy.

Pero no es aún suficiente.

Uno de los aspectos que más llama mi atención del alboroto que han causado las películas que mencioné es que son, precisamente, novedosas. O sea, que son la excepción y no la regla. Todavía.

La representación no estereotipada de personajes de “minorías” sigue siendo bastante raro. Que sí, que hay muchas “guerreras” y personajes negros fuertes en muchas películas y libros, que hay cada vez más personajes homosexuales en posiciones revaloradas en series de televisión y relatos literarios. Por fortuna, así es. Pero la presencia realmente protagónica de estos personajes se está dando de forma más bien paulatina y con altibajos. Así, hay años con mucho y años sin nada. Y años en que te encuentras a gente clamando por “verdaderos” héroes, de esos machos alfa de piel blanca y hasta mujeriegos que son los que “de verdad” calan hondo. Cuando veo ese tipo de deseos, siento que el equilibrio se aleja y regresamos a lo de siempre.

Protagonistas de “minorías” se necesitan por montón. No solo en historias estereotipadas para ellos, como por ejemplo un protagonista negro en una historia de esclavitud o una mujer en una historia de amor o un gay o una lesbiana en una historia sobre discriminación y sobre “salir del closet”. Que están bien, no digo que no, pero de las que ya tenemos para llenar bibliotecas. Me refiero a que sean protagonistas en otro tipo de historias, en las que no suelen serlo: que el personaje gay no sea secundario, que el personaje femenino no sea la única mujer importante de la historia, que el personaje negro no sea el amigo “fiel” del protagonista. Que sean, en cambio, los motores de la historia o al menos, uno de ellos.

Alguien podría aducir que hay muchas historias con personajes de “minorías” como protagonistas y que no resultan al mismo tiempo estereotipadas. Sí, estoy de acuerdo. Después de todo, The Force Awakens tenía a Rey como protagonista indiscutible, ¿no? Y, pues, ¿qué puedo decir? ¡El problema es que era solo ella! Fuera de Rey, los otros personajes femeninos restantes eran todos secundarios, incluyendo a la célebre Leia. Quienes acompañaban a Rey en la acción y eran interesantes, importantes, relevantes, determinantes, eran todos hombres: ¡hasta el robot! Situación que se repite en muchas historias con mujeres protagonistas “fuertes” (o sea, de acción).

Por fortuna, la tendencia parece que se monta sobre la ola de la renovación, aunque todavía ésta sea excepcional y provoque tanto ruido. Lo comprendo: una misma debe luchar contra ciertos estereotipos o imágenes fijas que se han implantado en el inconsciente desde la niñez. Por ejemplo, al comenzar a escribir Estrella Oscura, pensaba en Turak como hombre y no como mujer. Luego me dije que tenía demasiados personajes masculinos principales y para crear balance, pensé en sustituir a Turak. Y vi la luz: ¿para qué sustituir a Turak? ¡Tan fácil como volverlo personaje femenino! Y no tuve ni que cambiarle el nombre: todo siguió igual, pero más interesante, porque había recuperado el equilibrio. Así obtuve seis puntos de vista diferentes: por un lado, tenía a Syra, a Sheraia y a Turak; y por el otro, a Larek, a Merohio y a Adahio. Todos de culturas y pueblos distintos, en variados niveles de interacción, con otros personajes importantes sin punto de vista propio, como Borheio y Mesahia.

Con Señora del tiempo, quizá por ser de ambientación diferente, pensé en términos de equilibrio desde el principio y así obtuve un balance de perspectivas: tenía a Elena, a María, a Jimena y a Daniela, por un lado; y por el otro, a Adrián, a Fernán, a Julián y a Javier. Ocho puntos de vista que llevan la acción adelante. A su vez, personajes fuertes sin punto de vista, también en balance: Catalina y Mario. Y por primera vez, la satisfacción de haber introducido a personajes gay o bisexuales en posiciones principales (Mario y Adrián) o secundarias (la doctora Bonilla).

He continuado balanceando a mis personajes a medida de las historias y creo que muchos otros creadores están haciendo lo mismo, por lo que se ve. Crear personajes protagónicos o principales con características de “minorías” en historias no tradicionalmente asociadas a ellos, con actitudes distintas a las estereotipadas, es un ejercicio interesante y liberador, desde el punto de vista creativo y hasta humano. Por el momento, son unas pocas que hacen ruido. Muy pronto serán tantas que ya ese detalle no llamará la atención. Y así es como debe ser. =)

Tuesday, April 3, 2018

Religión en la literatura fantástica


La religión es una realidad social. Sin importar la época o la geografía, es indudable que su influencia se deja sentir en la lengua y en la cultura. Por eso, su entrada en la literatura era y es inevitable. De hecho, quizá entre los motivos que impulsaron el nacimiento de la literatura, se encuentre precisamente las creencias religiosas: ¿no pintaron escenas de dioses y héroes los poemas épicos de la Antigua Grecia o los hermosos cantares de la literatura india? ¿No aparecen seres divinos y espíritus elementales en los relatos de cientos de culturas africanas y del Medio Oriente antes del surgimiento de las grandes religiones actuales? ¿No surgieron cientos de cánticos en el Lejano Oriente que representaban escenas donde aparecen seres divinos? ¿Y las tradiciones orales de los pueblos europeos anteriores a la llegada del cristianismo o de los indígenasamericanos antes de la llegada de los europeos? El mismo teatro español, ¿no surgió para escenificar pasajes bíblicos? El enlace entre la religión y las manifestaciones literarias de variada índole es antiguo y natural: no se evita ni se extraña, simplemente se da, porque la literatura se encarga precisamente de poner en escena todo cuanto sentimos, creemos, no creemos, tememos o deseamos en nuestras vidas reales.

Así las cosas, ¿sería extraño que la literatura fantástica moderna, aquella que engloba la ciencia ficción, el terror y la fantasía de hoy, contuviera temas o personajes de índole religiosa o relacionados con la religión? Naturalmente que no. No solo porque existen géneros que directamente la incluyen, como el llamado género maravilloso-cristiano, que mezcla las creencias cristianas con la ficción maravillosa (una manera de llamar el fantástico no inquietante)[1], sino porque todo género literario puede incluir sus temas o motivos como parte fundamental de su construcción.

Siendo un género fundamentalmente crítico de eventos, situaciones, personajes o realidades sociales e históricas, no es de extrañar que la ciencia ficción haya escenificado motivos religiosos en su narrativa. Algunas historias la han hecho parte de un escenario (como Dune, de Franz Herbert), otras la han convertido en blanco de sus temores o denuncias (como El cuento de la criada, de Margaret Atwood, que se ha puesto de moda, con una serie de TV inclusive; o la interesante Cántico por Leibowitz, de Walter L. Miller), o de sus convicciones (como podría interpretarse Caballo de Troya, de J.J. Benítez). Los ejemplos pueden multiplicarse, pues la religión puede servir como panorama, como motivo, como crítica, como deseo, como ambientación, etc. Y no se precisa que sea siempre la religión predominante en la cultura del autor, como, por ejemplo, cualquier denominación cristiana: también puede aludirse a otras religiones, ya sean existentes (Islam, judaísmo, budismo religioso, sintoísmo, neopaganismo, etc.) o ficticias; ya sean presentes o pasadas (como las religiones de la Antigüedad Clásica o de los países escandinavos durante la era vikinga, por ejemplo). La religión puede fungir como blanco de denuncia o temor, como trasfondo ideológico para la trama, como objeto de preconización o como ambientación probable de una cultura imaginada (lo cual ocurre con religiones de culturas alienígenas, por ejemplo, o con una hipotética religión futura).

La fantasía, por otra parte, no se aparta de esta tendencia, en especial si se trata de fantasía épica o “maravillosa”, pues al ser una fantasía que se ocupa de imaginar universos o mundos completos, con su historia, sus tradiciones, sus culturas, sus lenguas y sus pueblos, es natural que también involucren o señalen la existencia de un culto (o varios) que son propios de dichos pueblos. Por ejemplo, J.R.R. Tolkien escribió El Señor de los Anillos en un universo donde fungía una sola religión: la de los Valar. Y todo el Silmarillion funciona como un conjunto de textos que siguen una tónica religiosa, pues el autor no solo se basó en textos de la tradición mitológica escandinava (que para dicha cultura era religión), sino también en la manera en que está escrita la Biblia. Igual podría decirse de las Crónicas de Narnia de C.S. Lewis, que modeló su historia con sugerentes alusiones bíblicas y donde Aslan cumple un papel divino muy poderoso. 

Ahora bien, Tolkien y Lewis fueron muy comedidos a la hora de trazar una religión propia de sus mundos imaginados, quizá porque partían del supuesto de una única religión real y existente (la suya) o quizá por otros motivos, pero en otras sagas de este estilo sí se advierte un mayor trabajo de construcción ficticia de religiones propias de los pueblos que se han imaginado en ellas. Un ejemplo muy poderoso es el de Canción de Hielo y Fuego, de George R.R. Martin, donde él configura varias religiones según el pueblo o cultura que las sigue y que en ciertos momentos cruciales de la extensa trama desempeñan roles 

determinantes: por ejemplo, la religión de los Siete, que es la prevaleciente en Desembarco del Rey y el sur de Westeros, y cuya versión fanática se manifiesta en el culto de los Gorriones; la monoteísta de R'hllor, el Señor de la Luz, que proviene de Essos y quizá de más allá, con sus temibles sacerdotes rojos, como Melisandre; la creencia en el Dios de las Mil Caras, una extraña religión practicada en Braavos; la religión de los Antiguos Dioses que practican los Hijos del Bosque, que es la que siguen los Stark; o la curiosa religión del Dios Ahogado, seguida por los habitantes de las Islas de Hierro y cuyo sacerdote más célebre, Aeron Greyjoy, es tan intimidante. Lo más interesante de esta configuración ficticia es que el autor se toma el cuidado de fundamentar las creencias en dogmas que se distancian entre sí y que actúan con lógica dentro de cada estructura interna. Este detalle, por cierto, es indispensable para que la escenificación religiosa en una obra de fantasía funcione. 

Considerando la importancia que las religiones juegan en la vida de las personas, me parecía lógico que mis libros las incluyeran, en particular si sus tramas o estructuras no solo facilitaban su presencia, sino incluso la requerían. Por ejemplo, Señora del tiempo trata sobre el prejuicio contra las personas diferentes, algo muy (tristemente) extendido en las religiones monoteístas de nuestro tiempo, como el cristianismo y el Islam, y en otras confesiones también actuales que no han podido superarlo. Siendo Catalina Fernández, una de las dos protagonistas de la historia, una criatura con habilidades que podrían resultar sospechosas para varios tipos de cultos, me parecía elemental introducir el tema en su trama.

Así, uno de los personajes cuyo punto de vista es tomado en cuenta en el argumento de Señora del tiempo es la hermana María. Es una religiosa, miembro de la Orden de las Hermanas Hospitalarias (que es real) y amiga de la otra protagonista (Elena Rivera). Ella desempeña un papel principal en el clímax. Además de ella, el padre Gabriel, cura católico de la comunidad en la que vive Catalina también tiene un lugar en el desarrollo de la trama. Por otro lado, la abuela de Catalina, la fallecida Cecilia Quirós, hace alusión a sus creencias en los espíritus de la tierra y sigue una especie de culto a diversas figuras religiosas de origen indígena, mientras que Noriko, antigua amiga de Elena, también menciona la participación de “los espíritus” en la advertencia sobre terremotos. Además, ya que el escenario de la novela se sitúa en un futuro más o menos próximo (2062), era de rigor que hubiera presencia de otras religiones en Costa Rica, tanto las actuales (como la Iglesia Anglicana Costarricense) como otras que todavía no han llegado (hasta donde sabemos), como los cultos Wiccan. Así, las cosas, podríamos decir que, sin ser un eje temático fundamental, la religión tiene un lugar importante en las acciones de los personajes, sus motivaciones y quizá sus decisiones.


En Estrella Oscura, por otra parte, se plantea un escenario fantástico al estilo de la fantasía épica. Así, siendo un panorama donde convergen diversos pueblos, con sus culturas y visiones de mundo particulares, era lógico plantear la existencia de creencias en divinidades o fuerzas sobrenaturales como parte de sus vidas. Así las cosas, vemos que en el Imperio Iruhio, al lado de la Filosofía del Equilibrio Fundamental, la cual se asienta en la roca Iruhio y es detentada por el Emperador o la Emperatriz que ocupe el trono y ejercida mayormente por la Hermandad de la Iluminación, la religión más extendida (y menos tratada por la historia) es la creencia en los Espíritus de la Tierra. En cambio, sí hay un mayor enfoque en las creencias de los Shiuk (debido al
protagonismo de Larek y de Turak), las cuales versan sobre una variada gama de espíritus poderosos que mueven el mundo, los eventos y sus consecuencias: así, para ellos es fundamental creer en los Espíritus del Mar, que son en realidad sus ancestros transformados en espíritus; en los Espíritus del Viento, que mueven las tormentas; en los Espíritus del Cielo, que proveen de bienestar y justicia a quienes han vivido bien; y en los Espíritus de los Abismos, que se encargan de esparcir demonios violentos y envilecidos entre las criaturas incautas y de castigar duramente a quienes han vivido en el mal. Por otra parte, en Oär, el Reino Medio donde reside Syra, la protagonista de la historia, las divinidades se dividen por sus tareas: los Maöres, dioses del hogar y la familia; los Böares, dioses de los bosques; los Ceäres, dioses de las cosechas; los Niöres, dioses del viento y del mar; etc. Finalmente, una de las religiones que juega un papel preponderante en la historia es, naturalmente, la de Ankou, el Supremo, culto monoteísta que prevalece en los Reinos Guerreros y en los Señoríos del Oeste, y que se caracteriza por un dios colérico y vengador, sumamente temible.


No digo que la presencia de la religión sea un requisito indispensable para forjar una narrativa fantástica verosímil, sea de ciencia ficción o de fantasía pura, pues bien podríamos idear relatos de estos géneros sin introducir la menor alusión a religiones de ningún tipo. Sin embargo, la religión es un fenómeno psicosocial y político-cultural tan complejo y variado que en realidad funciona muy bien como eje temático, de discusión, ambientación o denuncia, o incluso de reflexión, que, en general, estos géneros han sabido explotar con habilidad (y quizá algunos desaciertos). A través de sus relatos, se puede pensar en nuestro entorno cultural real y preguntarnos hasta qué punto las religiones desempeñan un papel importante en nuestro desarrollo como comunidad, sea negativo o positivo, y hasta qué punto dicho papel está definiendo lo que cada uno, como individuo, ha determinado para su propia vida. No es poco pensar. 


[1] Cierto sector de la crítica, bastante amplio, insiste en separar el fantástico de lo maravilloso como si fuesen géneros distintos, pero al menos yo no he encontrado ningún sustento teórico lo suficientemente sólido que justifique semejante separación.

Monday, March 19, 2018

Sobre personajes "fuertes"...


¿Qué significa ser fuerte? He estado pensando en esa extraña ¿virtud? que es la fuerza. Digo “virtud” porque parece ser muy bien vista por nuestra sociedad: en todas partes se pondera como algo deseable el que un niño sea “fuerte”, que una economía sea “fuerte”, que un carácter sea “fuerte”, que un sistema político sea “fuerte”, que uno coma y haga ejercicios para estar “fuerte”, etc. De hecho, se le une al concepto de poder: un hombre poderoso es un hombre fuerte, un país poderoso es un país fuerte, un argumento poderoso es un argumento fuerte, etc. Y más recientemente, con las marchas y manifestaciones en pro de la igualdad femenina y de la defensa de los derechos fundamentales de las mujeres, también se habla de la necesidad de que las mujeres no seamos vistas como un sexo “débil”, antes bien, que seamos mujeres “fuertes”, “empoderadas”, si se quiere, “poderosas”.

Pero entonces, ¿qué es la fuerza? ¿Y por qué se la ve de tan buen modo? Según el Diccionario de la Real Academia, nuestro referente de autoridad en cuanto al significado de las palabras en español, la fuerza es un concepto muy positivo: tiene que ver con el vigor, con la resistencia, con la autoridad, ciertamente con el poder, con la parte más importante de algo, y así. Solo tiene un lado oscuro: fuerza también es la capacidad para hacer que otra persona actúe de una manera u otra o diga que sí a algo, aunque no lo quiera. O sea, es obvio que de fuerza viene forzar. Pero esa es solo una de muchas acepciones muy positivas y, después de todo, forzar no siempre es negativo: muchas veces necesitamos forzar las cosas para que lo bueno se vea cumplido.

Entonces, ser fuerte es una maravilla. Y se entiende que muchos deseen que las mujeres, en vez de que sean consideradas “débiles por naturaleza", seamos fuertes. Pero el diccionario no aclara de qué modo puede uno serlo. Y aquí regreso a mi pregunta inicial. ¿Qué significa ser fuerte?

Echando una mirada por diversas películas que inundan nuestras salas de cine y se reputan por contener personajes “fuertes”, descubro que, según el tipo de película, éstos casi siempre se representan de la misma forma: en los filmes de acción, es la gente que puede golpear con los puños, lanzar patadas (pues tiene muy buena y desarrollada musculatura), disparar con fiereza o con increíble frialdad y una excelente puntería y, sobre todo, que comanda a otros de manera (casi) irresistible. En los filmes dramáticos o con tintes trágicos el personaje fuerte suele ser el que más resiste, el que más aguanta, el que más discute, el que mantiene sus puntos de vista hasta el final, el más leal, el líder o el rebelde. Y muchas veces muere, por cierto. Además, en ambos tipos de película, nunca un personaje fuerte muestra sentimentalismos. Si llora, lo hace de rabia. En otras películas, como las románticas, no parece haber mucho interés en mostrar “fuerza”, ni tampoco suele ser el caso de las comedias, donde el objetivo es más bien reírse del tonto.

¿Se percibe un patrón? En los personajes fílmicos (y para los efectos, también los televisivos), la fuerza estriba en tres ejes: poderío muscular y habilidad física, voluntad dominante y sentido de la autoridad. En otras palabras, la fuerza de las narraciones audiovisuales suele estar ligada a rasgos que han sido vistos tradicionalmente como “masculinos”. 

Sí, masculinos. Rasgos masculinos. Porque los rasgos “femeninos” son asociados a la delicadeza, la ternura, la belleza contemplativa, la suavidad y, por tanto, la sumisión. La mujer no es llamada el sexo “débil” por casualidad: se asume, de manera general, que una mujer “femenina” es todo lo contrario a la persona “fuerte” descrita más arriba. Y si no me creen, ¿cómo suelen ser representadas las mujeres “fuertes” en el cine? Ajá: son atléticas, hábiles luchadoras, con puntería de miedo, de carácter dominante y agresivo, y se imponen por la fuerza, aunque sea con magia. Poseen todos los rasgos “masculinos” adecuados, porque si no los presentan así, si por un atrevimiento inconcebible, la chica en cuestión se le ocurre ser tierna o delicada o llorar de tristeza, ¡ah! ¡Esa no es una mujer fuerte!

Pero… ¿es necesario que así sea? ¿Quién dice que ser agresivo y dominante es automáticamente ser fuerte? ¿Y si la agresividad y la imposición esconden a un ser asustado y frágil? ¿Y si la habilidad extraordinaria y el poderío muscular encierran un alma sumisa? ¿Es posible?

En el mundo real es más que posible: es perfectamente visible. Las personas fuertes, en el mundo real, se encuentran en todos los ámbitos, actuando de mil maneras, sosteniéndose de muchas otras. De hecho, las mujeres fuertes no necesariamente se destacan por ser agresivas y mandonas. Y los hombres fuertes, tampoco. La fuerza en la vida real se manifiesta de muchas maneras, algunas más sutiles que otras, que no tienen que ver con poderío muscular o habilidades asombrosas: tienen más que ver con la entereza moral y de carácter de estas personas, tienen que ver más con la solidez de sus decisiones, la consistencia de sus lealtades y la determinación de sus metas. Una mujer fuerte en la realidad muchas veces ni siquiera sabe dar una patada o disparar un arma, pero se defiende de una agresión o se enfrenta a una adversidad. Y puede que no se dé cuenta de su fuerza hasta después de muchos sinsabores y debilidades. Porque la debilidad también es parte del ser humano, sin importar su género.

¿Qué sucede en la literatura? ¿Son los personajes fuertes representados de la misma forma que en los filmes? Quisiera creer que no, que son mucho más ricos y variados, pero me temo que en muchos casos, así son: hombres dominantes y agresivos, mujeres delicadas y sumisas, o bien, mujeres “fuertes” que se comportan dominantes y agresivas como ellos. Y de otras fuerzas, ni la sombra.

Pensemos por un momento en las cualidades de un personaje fuerte antes de considerarlo así porque sabe dar buenas patadas. Imaginemos un mundo literario y fílmico donde la fuerza se encuentre de forma más sutil y profunda y donde el personaje fuerte pueda ser, de vez en cuando, vulnerable también. Como nosotros.  


P.D. En Señora del tiempo, es indudable que existen varios personajes fuertes. Ninguno se inclina por dar patadas ni por ser especialmente dramático, pero creo que, si se fijan bien, algunos sí gustan de discutir bastante... =)